Exposición de pintura de Victoria Gil Quintana en la Casa de la Cultura de Don Benito

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El Salón de los Espejos

El Jardín en el Espejo

El título de esta exposición nace de una imagen mental y pictórica para convertirse en alegoría y poética. Los jardines, las casas y los reflejos, protagonistas de esta muestra y, en general, del universo creativo de Victoria Gil Quintana, representan un viaje al interior de nosotros a través del exterior.

Se han elegido estos elementos lingüísticos por su poder simbólico. No obstante, el jardín y el espejo se deciden también como una conciliación y prolongación de “la casa”, de la experiencia en el espacio unida a la experiencia vital y a los recuerdos: reflejo de nosotros mismos en las vivencias.

Tal y como reflexionaba Gaston Bachelard en “La Poética del Espacio”: No solamente nuestros recuerdos, sino también nuestros olvidos, están “alojados”. Nuestro inconsciente esta “alojado”. Nuestra alma es una morada. Y al acordarnos de las “casas”, de los “cuartos”, aprendemos a “morar” en nosotros mismos. Y precisamente es lo que consigue Victoria con esta serie, un recorrido introspectivo por sus recuerdos y experiencias, consiguiendo “alojar nuestro inconsciente” en esas maravillosas imágenes vividas y soñadas, traídas de nuevo al mundo real y presente a través de la pintura.

Jardines y Reflejos

Los jardines, esos espacios idílicos creados por el hombre para el placer de los sentidos, el ocio y el deleite, están muy conectados a la psicología de la intimidad. Nos retiramos al jardín para relajarnos, reflexionar o pasear, e incluso la tarea de diseñarlos y cuidarlos es una labor espiritual.

El jardín es un ser orgánico con un valor artístico que refleja una interesante dualidad. Su supervivencia y desarrollo se asemeja al del ser humano: ambos necesitan de una guía y de cuidados externos para equilibrar el lado salvaje e intuitivo interno. Une, por lo tanto, orden y caos, racionalidad e intuición, luces y sombras, interior y exterior. Es un gran ejemplo de equilibrio entre el sueño del hombre y la voluntad de la naturaleza.

Pero no sólo en esa dualidad universal descansa la existencia. En este mismo escenario de espacios personales y compartidos, de miradas y reflexiones, creaciones e intuiciones, la naturaleza dota al mundo del hombre con el misterioso efecto de la luz sobre las superficies reflectantes.

Los reflejos nos muestran el mundo desde un ángulo enigmático -cualidad muy recurrente en la pintura de la artista-, nos hacen conscientes de nuestra propia imagen, alteran la realidad espacial e incluso, en ocasiones, ocultan parte de ella. ¿Qué habrá o quién estará detrás esas ventanas de la casa que reflejan el jardín? Y el jardín que veo reflejado en el espejo, ¿es el mismo jardín que yo cuido, o es otro jardín que crece bajo sus propias leyes?

El misterioso efecto del reflejo es, como sabemos, un fascinante camino a la imaginación. Considerado históricamente como metáfora del alma de las cosas, nos hace cuestionarnos la verdad, porque es en el alma donde se siembran y se reflejan las sensaciones del mundo percibidas por los sentidos, y atenderlas, cuidarlas, reflexionarlas y transformarlas –reflejarlas al exterior-, es lo que hace crecer y embellecer “el jardín”.

El jardín es, por tanto, cuerpo, imagen de un reflejo y morada para el alma; y cuidarlo, observarlo y frecuentarlo nos permite desarrollar nuestra parte personal y espiritual.

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Visita a la exposición El Jardín en el Espejo

La primera visita a la exposición “El Jardín en el Espejo” de Victoria Gil Quintana durante la pasada inauguración fue un agradable paseo entre cálidos saludos, conversaciones y miradas entre el público y los cuadros.

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La obra de Victoria tiene la capacidad de absorbernos, de detener el tiempo, de relajarnos e incluso de inquietarnos. Nos motiva a adentrarnos en esas maravillosas y misteriosas escenas, a pasar una mañana de domingo paseando, oliendo las flores, mirando por la ventana al jardín azul e incluso a sentarse a leer un libro en aquella silla que vemos en el jardín de “La Casa de los Sueños”.

La exposición, compuesta por 16 obras sobre lienzo y 3 trabajos de estudio, muestra formatos y técnicas de pintura variadas. Cada obra tiene su propio “lenguaje” y personalidad, por lo que cada una nos transmite una emoción diferente. No obstante, muchos de los presentes en la inauguración del pasado sábado, llegamos a la conclusión de que Victoria tiene un estilo y una sensibilidad artística muy personal y reconocible.

A lo largo de la exposición sentiremos la necesidad de acercarnos a contemplar las pinceladas y de alejarnos después para contemplar la obra en su conjunto.

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Nos perderemos por un momento en esos espacios vitales donde la ausencia de personas “protagoniza” las escenas; factor elemental que nos deja a solas con el lugar, con los muebles y el resto de objetos de la escena, permitiéndonos profundizar en el simbolismo que Victoria confiere a las imágenes a través del color, la luz, la pincelada y el acabado de los cuadros.

El jardín en el espejo
Azul / La casa rosa / Cautivas

Además del buen gusto y la elegancia estética, posiblemente la mayor cualidad artística de Victoria sea el ingenio al que recurre para abrir puertas a la imaginación y activar sensaciones, prolongar la realidad y fundirla con el “otro lado”: el espejo. Y es que no hay mayor valor artístico que la capacidad del creador para expresar al exterior un mundo interior y único, enriquecer este lado de la realidad y tener la capacidad de producir emociones en los demás. Ahí es donde comienza el cambio.

“El jardín en el espejo” es parte de otro mundo, es una realidad creada por Victoria, como si de un País de las Maravillas particular se tratara…

El jardín en el espejo Casa en el Campo
Casa en el campo. Acrílico/tela. 81 x 100 cm

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A continuación comparto un texto de la artista en el que hace un recorrido por todos sus cuadros, como si de la descripción de un sueño se tratara. Disfruten del viaje a través del espejo:

Un salón con espejos. El jardín se refleja en ellos y en los cristales de la ventana. En la ventana, mi reflejo por dentro. En el agua de la piscina se refleja el cielo.

Desde el interior veo el exterior, el jardín de fuera, del que me separan los muros de la casa y el cristal. Me aíslan del exterior. Dentro de la casa, delante de la ventana, en el alféizar, hay plantas cautivas.

El jardín que cuidé ya no es el mismo. Está donde una vez vivimos. He visitado hace poco un jardín negro, estaba en la casa de los sueños. Hay un árbol cercado y en él crecen especias y plantas vivaces, además de rosales trepadores que continuamente invaden los muros.

También existe en otro de mis sueños (¿o realidades?) una casa azul, vacía, deshabitada, con una chimenea cerrada y un espejo francés. Desde un gran ventanal veo un jardín azul. No veo por qué no ha de parecer real un tinte azul en las cosas. A mí a veces todo me resulta muy azul.

Un salón amueblado y otro vacío. Son el mismo, en realidad. De la misma casa, La Quinta da Princesa. El amueblado tiene una luz perlada. La luz del vacío es gris.

En Sintra siempre hay niebla y bruma, hay una luz atlántica y etérea al mismo tiempo. La casa rosa destaca en el verdor.

Victoria Gil Quintana, Octubre de 2014

(Texto extraído del catálogo de la exposición)

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Metarrenacimiento

Tras un temporal provocado por fuerzas externas y una lucha por no deambular al antojo de los vientos y las aguas, Metaphoranea se sumerge en las profundidades del Mar de Nubes. Ante esa aparente calma “de los bajos fondos”, decide echar raíces -cual ancla-, para subir de nuevo a la superficie y moverse, templada, entre la tierra, las aguas y el cielo, con un único punto de referencia…

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Mar de Nubes // Cloud Sea

       

Hace un tiempo ya, como a finales de verano, cuando andaba echando ya alguna raíz que otra en tierras y bajos fondos ibéricos, me propuse reflexionar sobre los distintivos filosóficos o “supersignos” de nuestra época representados -y pertinentes de ser tratados- a través del arte. Tarea difícil de reflejar en una entrada o un único artículo es -como en un principio lo tenía pensado enfocar-, así que, después de una larga reflexión,  llego a la conclusión de que lo más indicado es que el enfoque de este blog sea el exponer, de momento, mis experiencias relacionadas con el mundo del arte, mis pensamientos y reflexiones, y relacionarlas de una forma creativa con mi historia personal y profesional en clave poética, metafórica y filosófica, a través de la personificación de Metaphoranea.

Como ya la presenté hace unos meses, Metaphoranea es una isla, y es isla por varias razones. Ella surgió a través de las sensaciones que fui sintiendo a mi llegada a Gran Bretaña. Me sentía receptiva y, al mismo tiempo, ella me acogió; me sentí parte de ella, parte de esa isla. No parte de su sociedad, sino de su energía y su materia, y por energía me refiero al compendio de todos los elementos naturales, físicos y químicos, que comprenden un lugar o punto cardinal en este planeta y que nos hace “conectar” o “desconectar”, sentirnos bien o sentirnos mal. En mi caso fue particularmente la luz del lugar. Es, además, isla por las cualidades de independencia que supuestamente tienen estos trozos de tierra, y por el juego que da esa característica a la imaginación.

El objetivo de este blog, por lo tanto, no es meramente periodístico, informativo o de opinión. Incluirá gran parte de ficción, inspirado -como no podría ser de otra forma- en una historia real y personal.

Clarificar que, desde mi punto de vista, arte es toda aquella expresión del ser humano que exterioriza una visión particular. Es un movimiento bidireccional y continuo que va del exterior al interior, del interior al exterior, del exterior al interior… y así, continuamente, generando un movimiento y conocimiento que tiende al infinito (ese que nosotros no conoceremos), y que transmitimos a través de ciertas habilidades, técnicas y códigos o “lenguajes”.

No delimito estas reflexiones a las artes visuales o plásticas, como podría parecer por las primeras entradas del blog. Las artes se inter-relacionan y se alimentan, como todo en la existencia. Metaphoranea es un espacio con muchas puertas y muchas aristas. En la medida de lo posible, intentaré relacionar diferentes disciplinas.

Ante la pérdida paulatina de valores que sufre la sociedad, considero cada vez más necesario el papel protagonista del arte como vía de reflexión y diálogo, como un catalizador de la evolución y desarrollo del ser humano. Por eso y por mucho más que iré contando, mi vida, por el arte.